Mírate las palmas de las manos.
Son todos los caminos
que podías haber cogido,
pero me escogiste a mí.

Me encontraste
de vuelta de todo,
haciendo autostop
por las carreras de otras medias
y subí a tu vida
para empezar un viaje a medias.

Ahora estamos yendo a toda hostia
sin miedo a dárnosla,
acelerando los latidos
sin echar el freno de manos.

Te abrazo por detrás
mientras susurras
“Tienes toda una vida por delante”,
y siento que estamos llegando
al principio del precipicio.

Porque decir “te quiero”
es colocarte
en el borde con alguien
y confiar en que vaya a saltar contigo.

No sé si nos lanzaremos
o si nos sentaremos
con las piernas colgadas,
por eso de que nunca hemos tenido
los pies en el suelo.

De lo que estoy seguro
es de que el futuro
no está escrito.
El futuro está
en nuestras manos.