Yo no quiero salir contigo.
Quiero que entres en mi mundo
y te quedes,
como si fuesen unas vacaciones eternas.

(An)darnos besos en la orilla
de nuestras bocas,
viajando veinte mil lenguas
de viaje submarino.

Siempre fuimos
de pasear de la mano
o de pasar
y meternos mano.

Contigo aprendí el reto
de olvidarme del resto.
Nada podía tumbarme,
hasta que llegaste tú
y tu cama.

Así que cuando te fuiste
me tiré a la mala vida,
a la buena vida
y a muchas más en el suelo de la habitación,
y sigo recogiendo tus pedazos
en nuestro baúl de los recuerdos.

A veces te odio y
a voces te quiero,
pero nunca puedo poner
el pu(n)to final,
porque siempre tienes
la última palabra.

Vuelve,
que el corazón se me revuelve
cuando te veo.
Aunque no sé
si late
o tiembla.